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Pakistan presenta un nivel alto de exposición a Irán, aunque con una naturaleza ambivalente: cooperación fronteriza, comercio, energía, diplomacia islámica y convergencia sobre Palestina conviven con desconfianza, ataques transfronterizos, militancia baluchi, sanciones estadounidenses, rivalidad sectaria y competencia regional. No es un proxy iraní ni un aliado subordinado, pero sí uno de los vecinos más importantes de Teherán por frontera directa, población musulmana masiva, minoría chiita relevante, comercio energético, seguridad fronteriza, OIC, Afghanistan, Balochistan y rol de mediación entre Irán y Estados Unidos.
La relación diplomática Pakistan-Iran es histórica y densa. Irán fue uno de los primeros países en reconocer a Pakistan tras su independencia y ambos mantienen embajadas residentes: Irán tiene embajada en Islamabad y Pakistan tiene embajada en Tehran, además de agregados de defensa. El contacto bilateral es frecuente y cubre comercio, energía, frontera, seguridad, migración, cultura, religión, vuelos, peregrinación y coordinación regional. Sin embargo, esta institucionalidad convive con choques duros, especialmente en Balochistan y Sistan-Baluchestan.
El episodio más grave reciente ocurrió en enero de 2024. Irán lanzó misiles y drones contra objetivos en territorio pakistaní, afirmando que atacaba bases de Jaish al-Adl. Pakistan respondió con ataques dentro de Irán contra presuntos militantes baluchis. Reuters describió estos ataques recíprocos como una de las intrusiones transfronterizas de más alto perfil en años. Ambos países luego bajaron la tensión y restauraron canales diplomáticos, pero el evento elevó fuertemente los dominios militar, aplicación de la ley y seguridad fronteriza.
La frontera compartida es el centro duro del caso. Pakistan e Irán enfrentan militancia baluchi, tráfico, contrabando, violencia sectaria, cruces irregulares y disputas por grupos armados que operan a ambos lados. Teherán acusa a Jaish al-Adl de operar desde suelo pakistaní; Islamabad acusa a militantes baluchis de usar refugios en Irán. Esto no convierte a uno en subordinado del otro, pero sí genera una interdependencia securitaria muy alta.
En economía, el comercio bilateral es significativo para el índice aunque limitado por sanciones. Trading Economics reporta importaciones pakistaníes desde Irán por 1,26 mil millones de dólares en 2025, mientras las exportaciones pakistaníes a Irán fueron muy bajas en registros formales. El comercio real puede incluir flujos fronterizos, energía, productos agrícolas, electricidad, combustibles, petroquímica, alimentos y comercio informal. La asimetría refleja tanto sanciones como informalidad y dependencia regional.
El gasoducto Iran-Pakistan es uno de los indicadores económicos más relevantes. El proyecto, conocido como Peace Pipeline, busca llevar gas iraní desde South Pars a Pakistan, pero permanece detenido o parcialmente estancado por sanciones, financiamiento y presión estadounidense. En 2024 Reuters informó que la visita de Ebrahim Raisi a Pakistan puso nuevamente en foco el proyecto; Estados Unidos declaró que no apoyaba el gasoducto y advirtió sobre riesgo de sanciones. Para Iran-Index, este punto activa energía, sanciones, infraestructura, coerción externa y autonomía estratégica pakistaní.
En política exterior, Pakistan mantiene una postura muy fuerte a favor de Palestina y no reconoce a Israel. Esta convergencia con Irán es intensa, pero no debe leerse como control iraní: forma parte de la identidad política pakistaní desde antes de la República Islámica iraní. Pakistan participa en OIC y otros foros islámicos, donde suele coincidir con Irán en Palestina, Gaza y críticas a Israel, aunque también puede diferir por Arabia Saudita, Gulf states, Afghanistan o sectarismo.
Pakistan también ha jugado un rol diplomático sensible como canal o mediador en tensiones entre Irán y Estados Unidos. En 2026 Reuters reportó que Pakistan compartió con Estados Unidos una propuesta iraní revisada para terminar una guerra regional, y que autoridades pakistaníes participaron en esfuerzos de mediación. Este rol aumenta la exposición diplomática, pero refuerza la lectura de Pakistan como actor autónomo que intenta capitalizar su posición, no como satélite iraní.
En religión y sociedad, Pakistan es uno de los mayores países musulmanes del mundo. El censo digital de 2023 registró que aproximadamente 96,3% de la población es musulmana. La mayoría es sunita, pero existe una de las comunidades chiitas más grandes del mundo en términos absolutos, con estimaciones que varían entre 10% y 20% o más de la población musulmana según distintas fuentes. Esta minoría chiita es un vector relevante para Irán por redes religiosas, peregrinación, Qom, Mashhad, Karbala/Najaf vía tránsito, partidos chiitas y tensiones sectarias, pero no equivale a control iraní.
La cuestión sectaria es clave. Pakistan ha sufrido violencia antichiita, ataques contra procesiones de Ashura, militancia sunita extremista y tensiones en zonas como Kurram, Quetta, Karachi y Punjab. En 2026 Reuters reportó deportaciones de pakistaníes chiitas desde UAE en el contexto de la guerra regional con Irán, lo que muestra cómo la identidad chiita pakistaní puede verse atrapada en conflictos geopolíticos externos. Para Iran-Index, el factor chiita debe puntuar alto por relevancia social y riesgo, pero con cuidado analítico.
En dominio transmedia, medios estatales iraníes como Press TV, HispanTV, IRNA y la embajada iraní en Islamabad están disponibles digitalmente y cubren intensamente Pakistan, Gaza, OIC, Balochistan, Afghanistan, sanciones, energía y diplomacia regional. No se encontró evidencia de control iraní de grandes medios pakistaníes, pero la convergencia narrativa sobre Palestina, anti-Israel, sanciones y multipolaridad es importante.
En tecnología y defensa, no se encontró una alianza militar formal Pakistan-Iran ni coproducción estratégica comparable a China-Pakistan. Sin embargo, sí existen reuniones de alto nivel, agregados militares, coordinación fronteriza, incidentes con misiles/drones y sensibilidad nuclear/misiles por la presencia de dos Estados vecinos con capacidades militares significativas. Pakistan participa en debates multilaterales sobre no proliferación y seguridad donde Irán es tema recurrente. El riesgo tecnológico directo iraní es moderado, pero el riesgo militar-fronterizo es alto.
En conjunto, Pakistan debe clasificarse como exposición alta. Los factores decisivos son frontera directa, embajadas residentes, relación histórica, comercio energético, gasoducto Iran-Pakistan, importaciones desde Irán, sanciones, OIC, no reconocimiento de Israel, Palestina, población musulmana masiva, minoría chiita significativa, violencia sectaria, ataques transfronterizos de 2024, militancia baluchi, Afghanistan, Hormuz y rol de mediación entre Irán y Estados Unidos. La lectura final es ambivalente: Pakistan no pertenece al eje iraní, pero comparte con Irán demasiadas fronteras físicas, religiosas, energéticas y geopolíticas como para quedar en una categoría media.
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